El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse.

martes, 4 de mayo de 2010

Por la Andalucía de Soria

Por el río andaluz,
por ese río que por preliminares
alza cuna de montes,
viendo la luz en sábanas de frío (…)
Rafael Alberti, El poeta en la calle
En efecto, esto es lo que aquí propongo: una excursión por las entrañas de Soria, a la vera del río Andaluz, arroyo humilde, de caudal mínimo durante el estío pero rugiente cuando su cauce recoge el fruto de las nevadas; afluente del padre Duero, cuyas aguas penetra con las suyas, precisamente, en la dehesa del pueblo que se reconoce por la misma denominación: Andaluz, andalucinos su gentilicio, que en la actualidad sólo cuenta con veinte habitantes, agrupado su ayuntamiento al de Berlanga de Duero, apenas a siete kilómetros por carretera (a veinticinco de Almazán y El Burgo, a cuarenta y tres de la capital de provincia), con huerta que ofrece bien sazonadas alubias, pródigos sus alrededores en carrascas y robles, enebros, fresnos (algunos, notables, de mucha edad) y álamos, bergazas y espinos con cosecha de majuelas que rinden magnífico pacharán (sic), refugio propicio para nutridas camadas de ciervos y jabalíes, zorros, perdices, conejos y buitres leonados, que en ocasiones semejan una suerte de Arca de Noé en aquellos bosquedales.

Campos de Castilla, Andalucía de Soria. Nos encontramos a novecientos diecinueve metros sobre el nivel del mar, en la desembocadura de un portillo natural, La Hoz, limitando al norte con Valderrueda, cuya iglesia de la Asunción luce un hermosa portada románica y elementos góticos, al este con Centenera de Andaluz, patria de la Virgen de Linares, imagen del siglo XI que apareció en un campo de lino (“Virgen Santa de Linares/ eres hermosa princesa/ salisteis a un labrador/ en la punta de una reja”), y Rebollo de Duero, apodados sus naturales con un llamativo cultismo latino, el de bilitres, de origen absolutamente desconocido, literalmente “dos letras”, muy ilustrados, al sur con Fuente Tovar, hasta el siglo pasado llamada Fuentelpuerco, y al oeste con Tajueco, pueblo de arraigada tradición ceramista.
Andaluz, lugar estratégico en la alta Edad Media, obligado punto de paso de las algaras de los musulmanes, y más que posible camino de retirada desde Calatañazor hasta Medinaceli de un Almazor moribundo, también recibe otros nombres en la documentación de histórica: Ffandaluz, Handaluz o Andalux, todos ellos a las claras indicativos de unas raíces hundidas en la época más oscura de la Reconquista, plantadas sobre vestigios ibéricos, repoblación de mozárabes andaluces, quienes levantaron la ermita de San Baudelio de Berlanga, según Jiménez Lozano “la Capilla Sixtina del arte mozárabe” o, en palabras de Gómez Moreno, “el ejemplo más mahometano de la arquitectura mozárabe”.
En la actualidad, Andaluz únicamente conoce cuatro o cinco casas abiertas durante el invierno, aunque sus veintipocos vecinos llegarían a ser, según don Pascual Madoz, cerca de once mil en sus mejores tiempos, cantidad que no deja de causar asombro. En cualquier caso, no ofrece ninguna duda de la importancia señera de esta villa en los remotos tiempos de la Reconquista. En prueba de ello, he aquí un dato de valor indudable: el Fuero de Andaluz, otorgado en 1089 y en Burgos por el conde Gonzalo Núñez de Lara, bajo el reinado de Alfonso VI, es anterior a los de Soria, fechado entre 1190 y 1214, y Medinaceli, del siglo XIII, y también se anticipó a los perdidos de Yanguas y Medinaceli, ocupando así un puesto de cabecera entre los fueros castellanos (el primero sería la carta–puebla de Brasoñosera, extendida el 13 de octubre del 824 en latín altomedieval por el conde Nuño Núñez, conservado en copias silenses que presentan interpolaciones tardías).
El Fuero de Andaluz precisa los lugares, pueblos y aldeas que formaban la Villa y Tierra de Andaluz; a saber: Andaluz, Centenera de Andaluz, Tajueco, Valderrueda, Valderrodilla, Fuentepinilla, Fuentelárbol, La Ventosa, Torreandaluz, Osona y La Seca más los actuales despoblados de Quintanar y Fuentelfresno, comarca elevada al rango de Estado de Andaluz por Enrique II el 13 de febrero de 1366, que concedió su gobierno a Juan Ramírez de Arellano, Conde de Aguilar, Señor de Cameros y de Andaluz, vigente como Señorío de Andaluz hasta bien entrado el siglo XIX, mientras su arciprestazgo, constituido en 1136, llegó como tal a 1958, cuando el azote de la despoblación ya se mostraba implacable, obligada entonces la Iglesia la reducción de sus estructuras.
El Fuero de Andaluz regulaba el gobierno, fijaba penas y establecía derechos públicos y privados, sentando las bases de un vivir sometido a normas, decisivo paso adelante en el modo de entender la administración. Son diez folios, escritos por ambas caras, que abordan todo tipo de asuntos, desde los plazos de las querellas hasta el régimen de los ganados o el precio de saltar los dientes al vecino:
… Todo omne que firiere a otro en la boca yl echare los dientes o los crebare que por cada diente peche III morabetinos [maravedí, dinar almorávide], esto es dicho por los VI dientes de suso e por los VI dientes de yuso e por los otros dientes mas acerca que peche por cada uno II mor.(abetinos). E por los otros, más dentro, sennos mor.(abetinos). Por cada uno e sin esto que peche los X mor.(abetinos) por sus livores [herida o lesión] …
A tono con ese acervo de histórico, la comarca, el antiguo Estado de Andaluz, se muestra pródiga en consejas, leyendas y refranes, literatura oral para sabidurías pardas y escarmentadas. Con una iglesia románica de libro, San Miguel Arcángel, declarada Monumento Histórico–Artístico en 1948, en la que sobresalen su portada, una galería porticada de diez arcos, la imagen del siglo XIII de la Virgen de Santa Lucía y una necrópolis del XVII, todavía con llamativos restos en pie de su castillo y con un puente soberbio, de seis ojos y cimientos romanos, sobre las aguas impetuosas del Duero, Andaluz fija en el corazón de la Meseta la huella constitutiva del Sur, absolutamente fundamental en los tiempos de formación de nuestra identidad.
Como señaló Antonio Machado, arco tendido entre Sevilla y Soria, si “la verdadera historia” de un país casi nunca se encuentra “en lo que de él se ha escrito”, quizás el caminante curioso descubra algunas de nuestras claves comunes si aventura sus pasos por estos rincones de las tierras sorianas. Realidad elocuente: un Estado y un río Andaluz en Castilla, imagen, cifra y resumen de una simbiosis enriquecedora, crisol de España en pluralidad. “La verdad es lo que es/ y sigue siendo verdad/ aunque se piense al revés”.
GONZALO SANTONJA GÓMEZ ARMERO Director de la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua
mus-A (Revista de los museos de Andalucía) nº 9, febrero 2008

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